Sitio Arqueológico El Cerro de la Máscara

Miguel Angel Victoria Fotógrafo

El sitio arqueológico Cerro de la Máscara es el sitio de petrograbados más importante del norte de Sinaloa.
Sus más de trecientos petrograbados distribuidos en una serranía.
En un bello entorno natural flanqueado por el antiguo río Zuaque, vecino al Pueblo Mágico de El Fuerte
Parada obligada del ferrocarril Chepe que cruza la sierra Tarahumara del puerto de Topolobampo a la ciudad de Chihuahua.
Han hecho que el sitio sea un foco de visita de miles de visitantes tanto nacionales como extranjeros.
Que visitan además otros sitios de interés como la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, el edificio del Palacio Municipal, la Plaza de Armas, el Museo de El Fuerte, encontrando un servicio de primera en restaurantes y hoteles de la ciudad.
Uno de los muchos que destacan es el Hotel Posada del Hidalgo, ubicado en la falda del Cerro Fuerte de Montes Claros.

El sitio arqueológico representa además uno de los lugares más importantes en la historia del norte de México.
Pues guarda celosamente la memoria de la cosmovisión de los antiguos yoremes (mayos), habitantes de esta región.
El sitio arqueológico se localiza a orillas del río Fuerte, dentro del noroeste mexicano.
En la porción nororiental del estado de Sinaloa, muy cerca de la frontera con el vecino estado de Sonora.
Ubicado a 70 km de la ciudad de los Mochis y a 270 km de la ciudad de Culiacán.
El Cerro de la Máscara se yergue a lo largo de un pequeño picacho de piedra riolítica.
Sumergido en un bosque espinoso, al pie de la sierra Madre Occidental.
La población más cercana al sitio es el ejido La Galera.
Perteneciente a la también muy cercana cabecera municipal El Fuerte, ubicado en la orilla opuesta del río.
Este municipio colinda al oeste con Ahome, al este con Choix, al norte con Álamos, Sonora y al sur con el municipio de Sinaloa.

El sitio arqueológico queda geográficamente enmarcado en una zona de transición entre la Sierra Madre Occidental y la planicie costera del mar de Cortés.
En un espacio conocido como el valle del río Fuerte.

El sitio arqueológico queda geográficamente enmarcado en una zona de transición entre la Sierra Madre Occidental y la planicie costera del mar de Cortés.
En un espacio conocido como el valle del río Fuerte.
Fisiográficamente corresponde a la Provincia Sierra Madre Occidental.
La cual, se inicia en la frontera con Estados Unidos y se extiende de noroeste a sureste hasta sus límites en el sur de la provincia del Eje Neovolcánico.
Abarcando algunas porciones de los estados de Sonora, Chihuahua, Sinaloa, Durango, Zacatecas, Aguascalientes y Jalisco.
El Cerro de la Máscara se encuentra conformado por diversos conjuntos de petrograbados, un conjunto de montículos construidos con cantos rodados, así como algunos alineamientos de piedra de planta circular, todo esto distribuido a lo largo de 17 hectáreas.
Los límites del sitio los definen el arroyo las Guásimas, que corre al norte y oeste del sitio.
Y un desnivel abrupto del terreno que baja a la segunda terraza fluvial del río Fuerte, al este (Carpenter et al 2006).
Con base a las investigaciones practicadas en el sitio sabemos que está conformado por 300 grabados.
Distribuidos en 15 conjuntos ubicados principalmente en la porción este del sitio y asociados a concentraciones de materiales arqueológicos.
Los petrograbados se encuentran en bloques de riolíta de tamaño variable con diseños principalmente geométricos, antropomorfos, zoomorfos y fitomorfos.
Manufacturados con técnicas que incluyen la percusión, abrasión e incisión.
El nombre del sitio es dado por algunos grabados con diseños de rostros humanos o mascaras.
De los 15 conjuntos de petrograbados que componen el sitio, siete son los frecuentados por los visitantes.
Los cuales han sido nombrados por la tradición oral local con motes que hacen referencia a alguna característica formal.
Ya sea de alguno de los diseños que lo componen o por su ubicación o posible funcionalidad: El observatorio, La Máscara, La Piedra ladeada, La Mariposa, La Reina, La Zorra y El Alacrán.
Estos conjuntos se distribuyen principalmente a lo largo del picacho principal que conforma el sitio.
El conjunto de montículos está ubicado en la sección norte del sitio y está conformada por cuatro concentraciones de piedra y tierra.
Su altura no rebasa el 1.50 m de altura y el área es de 10 m2 aproximadamente.
Son de forma oval y están rodeados por una alta cantidad de material arqueológico.
Con base a las exploraciones practicadas como parte del Proyecto Arqueológico Cerro de la Máscara, se logró determinar que en realidad, dichos montículos eran el núcleo de un basamento.
Sobre el cual posiblemente se encontró algún tipo de estructura construida con materiales perecederos.
Los cuales debido a la fuerte erosión del terreno no conservaron más evidencias en superficie.

Entre 1987-1990 Francisco Mendiola llevó a cabo un breve reconocimiento de superficie en los municipios de Ahome, El Fuerte y Choix.
Registrando únicamente los sitios con manifestaciones gráfico-rupestres.

Historia de las investigaciones
Entre 1987-1990 Francisco Mendiola llevó a cabo un breve reconocimiento de superficie en los municipios de Ahome, El Fuerte y Choix.
Registrando únicamente los sitios con manifestaciones gráfico-rupestres.
En el municipio de El Fuerte, registró 18 sitios (Mendiola 1994:197).
Con base en el análisis detallado de los diseños grabados en los sitios, Mendiola logró identificar dos estilos principales.
El estilo sierra central-Barobampo y el estilo río Fuerte.
El primero de ellos, situado en las sierras entre el río Fuerte y el valle de El Carrizo.
Consistente en diseños rectilíneos, con representaciones zoomorfas y fitomorfas (Mendiola 1994: 493).
El segundo, denominado estilo Río Fuerte, distribuido a lo largo del río Fuerte, desde San Miguel Zapotitlán hasta la presa Miguel Hidalgo.
Consiste en diseños curvilíneos con representaciones antropomorfas (Mendiola 1994: 493-496).
Cabe mencionar que a través de este estudio, Mendiola reconoció la existencia de variantes fisiográficas-regionales.
En sus conclusiones, Mendiola afilió a los nahuas la manufactura de los petrograbados durante su paso por tierras sinaloenses.
Como parte de la peregrinación azteca, pasaje comúnmente reproducido sin fundamentos científicos en la historia de estas tierras.
La memoria de esta investigación quedó plasmada en su tesis de licenciatura: “Petroglifos y Pinturas Rupestres en el Norte de Sinaloa”.
Proyecto Arqueológico Huites.
Durante 1993 Rebeca Yoma llevó a cabo investigaciones arqueológicas de salvamento.
Como parte de la construcción de la presa Luis Donaldo Colosio, cerca del poblado de Huites.
Aunados a los trabajos, Yoma llevó a cabo el registro de algunos petrograbados en El Cerro de la Máscara.
Levantó calcas e hizo dibujos en corte de diversos conjuntos.
Sin embargo, los trabajos nunca tuvieron como objetivo principal el registro exhaustivo de todas las manifestaciones gráfico rupestres del sitio.
Las conclusiones de este trabajo se enfocaron a establecer el desarrollo cultural del sur y centro del estado de Sinaloa.
Sin tocar lo concerniente al sitio de petrograbados y tampoco a la región donde este se encuentra.
Proyecto de Investigación Arqueológica Norte de Sinaloa.
Durante el 2004 John Carpenter y Guadalupe Sánchez, llevaron a cabo un recorrido y reconocimiento de superficie.
Abarcando la mayor parte de la porción noreste de Sinaloa, dentro de los municipios de Choix y el Fuerte.
El registro se concentró principalmente en aquellos sitios con componentes arqueológico que tuvieran el potencial de representar sitios habitacionales (Carpenter y Sánchez 2004: 23).
Dejando de lado los sitios con manifestaciones gráfico rupestres, ya que de estos, señalan, existe un cuerpo de información existente.
Los resultados de las investigaciones arrojaron el registro de 77 sitios.
De los cuales, 58 tienen filiación prehispánica, siete son sitios históricos, cinco con componentes mixtos y siete indeterminados.
Perteneciendo la gran mayoría de los sitios al periodo cerámico, aproximadamente entre 100 a.C. y 1500 d.C. (Carpenter y Sánchez 2004: 93, 94).
En el área vecinal a El Cerro de la Máscara reportaron tres sitios: Rancho Lugo, Atanasio Felix y los Petrograbados de Ocolome.
Los cuales, señalaron, deben de ser estudiados para entender el complejo cultural de El Cerro de la Máscara.
De los tres sitios sobresale, el sitio de los petrograbados de Ocolome.
El cual, tiene una gran cantidad de metates y morteros en roca madre asociados a los petrograbados.
El sitio, al parecer, fue un lugar dónde se llevaron a cabo actividades específicas, más relacionadas con actividades domésticas (Carpenter y Sánchez 2004).

Entre los meses de junio de 2006 y marzo de 2007, como parte de un ambicioso proyecto del ayuntamiento de El Fuerte para habilitar el sitio arqueológico El cerro de la Máscara.
John Carpenter, Guadalupe Sánchez y Julio Vicente, llevaron a cabo investigaciones arqueológicas

Proyecto de Investigación Arqueológica para el Plan de Manejo del Sitio Arqueológico Cerro de la Máscara.
Entre los meses de junio de 2006 y marzo de 2007, como parte de un ambicioso proyecto del ayuntamiento de El Fuerte para habilitar el sitio arqueológico El cerro de la Máscara, John Carpenter, Guadalupe Sánchez y Julio Vicente, llevaron a cabo investigaciones arqueológicas.
Como un paso previo a la obra para la habilitación y adecuación turística que el ayuntamiento planeaba llevar a cabo.
Los trabajos incluyeron un recorrido sistemático intensivo en el sitio, excavaciones de sondeo y extensivas en todos los conjuntos del sitio con depósitos.
Así como el registro y catalogación de todos y cada uno de los petrograbados del sitio.
Pero sobre todo, la elaboración de un plan de manejo para la visita del sitio ( Carpenter et al 2008b).
Los resultados determinaron que el sitio arqueológico abarcaba una área de 17,000 m2 en total, con 300 petrograbados distribuidos entre 15 localidades.
Además de los petrograbados, señalaron la presencia de un componente no reportado hasta entonces.
Se trata de tres montículos construidos con cantos rodados y tierra.
Así como un alineamiento de piedras de forma circular, practicando excavaciones en estos elementos.
El proyecto contempló el registro sistemático de todos los grabados del sitio.
Realizando levantamientos fotográficos, la realización de calcas con tiza y tela de cada uno de ellos, así como el llenado de cédula de registro elaborada específicamente para este proyecto.
Los resultados alcanzados tras el registro, digitalización y sistematización de la información, indicaron que las representaciones más comúnmente grabadas consistieron en simples diseños geométricos sencillos como: círculos, cuadros, rectángulos, espirales y puntos.
Diseños geométricos compuestos, como: círculos concéntricos, espirales dobles, elementos cuadrados y rectangulares con diseños geométricos en sus interiores.
Por su parte, los elementos antropomorfos consistieron en huellas de manos y pies, caras, de manera general, representaciones estilizadas de figures humanas.
En menor frecuencia se encontraron elementos zoomorfos (representaciones de posibles caninos, felinos, mariposas, y otras formas de animales no identificados).
Otros elementos gráficos presentes consistieron en motivos astronómicos incluyendo soles y quincunces, posiblemente, haciendo alusión a el planeta Venus.
Otros más incluían alineamientos de puntos identificados como posibles marcadores astronómicos.
Las representaciones de máscaras, armas y escudos fueron tentativamente clasificadas en el rubro “fetiches”.
Las representaciones de elementos gráficos botánicos fueron raras e incluían cactus y lo que parecen representar algunas frutas no identificadas.
Con respecto a los materiales arqueológicos recuperados en las excavaciones, aunque observaron una ligera distribución superficial de artefactos, principalmente fragmentos de cerámica y deshechos de piedra tallada, no existieron evidencias que indicaran la presencia de una ocupación residencial significativa en El Cerro de Máscara.
Las excavaciones realizadas en el pequeño montículo reveló una notable ausencia de artefactos o elementos culturales asociados con las actividades domésticas, como manos y metates (Carpenter et al 2008).
Los resultados generales de las exploraciones permitieron establecer que los petrograbados de el sitio arqueológico El cerro de la Máscara pueden ser atribuidos a los grupos cahitas.
Y más específicamente a los grupos tehuecos, tal vez, los sinaloas, quienes comenzaron a habitar esta región por lo menos hace 2000 años.
Los autores señalaron que es un error grave proponer posibles relaciones vinculadas con alguna migración mítica de los aztecas.
Ya que no existe ninguna evidencia en el registro arqueológico regional que indique tal posibilidad (Carpenter et al 2008).
La documentación de varias técnicas distintas empleadas en la elaboración de los petrograbados, además de diversos estilos gráficos presentes, así como la gran variabilidad que se observa en la formación de la pátina en la superficie de las rocas, parece confirmar evidencias indicativas de un amplio y variado rango de tiempo de ocupación del sitio.
Los materiales cerámicos también confirmaron este hecho, sugiriendo un rango amplio de entre aproximadamente 200 d.C. y 1450 d.C.
Los tipos cerámicos identificados correspondieron a las tradiciones Serrana y Huatabampo, con tipos Batacosa, Cuchujaqui, Piedras verdes, Guasave y Huatabampo.
Los pocos tepalcates de origen no local, indicativos de intercambio entre la región costera y la región de Culiacán, incluyeron Aguaruto inciso y Aztatlán rojo sobre bayo, así como vajillas de la tradición Guasave (Carpenter et al 2008).

La ausencia absoluta de tipos históricos indicaron que El cerro de la Máscara fue en realidad un sitio ritual.
Probablemente secreto y de acceso restringido, cuya ubicación nunca fue revelada a los españoles

La ausencia absoluta de tipos históricos indicaron que el sitio arqueológico El cerro de la Máscara fue en realidad un sitio ritual.
Probablemente secreto y de acceso restringido, cuya ubicación nunca fue revelada a los españoles.
Tal vez, el sitio fue abandonado antes de 1564, cuando Francisco de Ibarra arribó a la región (Carpenter et al 2008).
Por otra parte, la presencia de elementos gráficos compartidos en una extensa región geográfica extendiéndose desde Nayarit al suroeste de EEUU, indica la existencia de una extensa esfera de interacción cultural prehispánica.
Probablemente asociada con la difusión de ideologías, una “tradición noroccidental de arte rupestre” (Santos, 2006 y 2013), durante las relaciones socio-económicas entre grupos, los cuales, extendieron las fronteras culturales entre las tradiciones culturales del norte de México, suroeste de estados unidos y el oeste de México, entre aproximadamente los años de 1200 y 1400 d.C. (Carpenter et al 2008).
Proyecto arqueológico norte de Sinaloa: Cerro de la Máscara II.
En julio del 2011 John Carpenter y su equipo de investigadores presentaron el catálogo del registro sistemático de los petrograbados del sitio.
Dicho catálogo, contempla los petrograbados propiamente de El cerro de la Máscara.
Registrados durante el proyecto 2006-2007, así como los petrograbados del sitio de Ocolome.
Ubicado exactamente en la margen opuesta a El cerro de la Máscara, en el río Fuerte.
Aunque la información presentada en el catálogo no difiere mucho de la expuesta en el informe de 2006-2007, hay nuevos datos que clarifican el panorama histórico cultural del sitio.
Al respecto, señalan que la diversidad de los diseños compartidos y distribuidos en el norte de México y suroeste de EEUU indica la existencia de una extensa esfera de interacción cultural prehispánica.
Probablemente, asociada con la difusión de ideología durante las relaciones socio-económicas entre grupos (Carpenter et al 2011).
Informe final del proyecto registro sistemático de petrograbados Cerro de la Máscara.
Entre 2010 y 2011 los arqueólogos María de los Ángeles Heredia Zavala (por entonces delegada del Centro INAH-Sinaloa) y José Alberto Durán Iniesta, llevaron a cabo algunos trabajos en El cerro de la Máscara.
El objetivo principal del proyecto fue el reconocimiento del sitio, buscando ampliar los datos aportados por John Carpenter y su equipo en 2006-2007.
Para esto, llevaron a cabo recorridos sistemáticos al interior del sitio así como en algunos espacios aledaños.
Sus aportes, además de confirmar lo reportado por John Carpenter, Guadalupe Sánchez y Julio Vicente, fue la localización de algunos bloques disgregados con petrograbados, así como algunos restos de posibles alineamientos de piedras.
Los resultados obtenidos se enfocaron en tratar de contrastar los datos presentados por John Carpenter y su equipo.
Principalmente cuestionando el concepto de semi-aislamiento y de uso exclusivamente ritual de los grupos cinaloas y tehuecos del sitio, pero no ofrecieron ningún dato para refutar esa idea.
No presentaron una propuesta de cronología del sitio, ni trataron de interpretarlo dentro de la dinámica social regional o en su significado, como el sitio ritual cahíta más representativo de la región.
Desde el 2016, el Proyecto Arqueológico Cerro de la Máscara, es dirigido por los investigadores Víctor Joel Santos Ramírez y Julio César Vicente López.

Mtro. Victor Joel Santos Ramírez

Texto: Mtro. Victor Joel Santos Ramírez

Profesor de Investigación Científica y Docencia del INAH. Titular C.

Dirección: Zona Arqueológica Las Labradas, San Ignacio, Sinaloa

Sitio Web: https://inah.academia.edu/JoelSantos

Tel. Cel. (667) 9968450

Twitter: @joelsants 

Planeta Pequeño

Cerro de la Máscara
Sitio Arqueológico Cerro de la Máscara

Galería Fotográfica

Cómo se hizo éste Tour Virtual

El equipo utilizado para realizar este tour fue el siguiente:

  • Cámara Nikon D800
  • Lente Sigma 8 mm ojo de pez
  • Rótula Nodal Ninja NN4
  • Trípode Manfrotto 190
  • Disparador remoto

El software de procesado de esta imagen fue:

  • Lightroom para procesar los archivos RAW
  • PTGui para realizar el cosido de la imagen
  • Photoshop para ajustes generales y locales
  • PanoTour Pro para la generación del tour virtual
En la fotografía de retrato si la iluminación la hacemos de manera frontal, logramos disimular algunas imperfecciones de la piel.
Ya que “rellenamos con luz” pequeñas cicatrices, arrugas en caso de las personas adultas y algunas otras marcas.
Por el contrario, si la iluminación es lateral, inclusive a 90 grados, destacaremos más el detalle de éstas imperfecciones.
La iluminación del Cerro de la Máscara  la hice de manera que pudieran notarse más los grabados en la piedra.
Para ello utilicé una linterna Led Lenser modelo T7 de manera lateral y el resultado fue muy bueno.

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