De las soleadas tierras de Mazatlán, Sinaloa, emergió una figura excepcional cuyo legado de dedicación, ciencia y humanismo ha dejado una huella imborrable en la salud de México y el mundo: el Dr. Jesús Kumate Rodríguez. Un verdadero gigante sinaloense, su vida es una fuente inagotable de inspiración.
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Él demostró cómo la perseverancia y un compromiso inquebrantable con el bienestar de los demás pueden transformar realidades y construir un futuro más saludable para todos. Nacido en Mazatlán, Sinaloa, el 12 de noviembre de 1924.

El Dr. Kumate Rodríguez creció observando las persistentes desigualdades sociales y la trágica pérdida de niños debido a enfermedades infecciosas en las comunidades rurales de su estado natal.
Esta dura realidad forjó su vocación, marcada por una profunda promesa a su padre, un inmigrante japonés: saldar la deuda que su familia sentía con este país. Se graduó como médico cirujano y partero de la prestigiosa Escuela Médico Militar en 1946.
Se especializó en campos cruciales como infectología pediátrica, bioquímica, fisiopatología hepática e inmunología, realizando estudios de posgrado en reconocidos centros de Estados Unidos y Europa.
Su insaciable sed de conocimiento lo llevó a obtener un doctorado en Ciencias en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional (IPN) en 1963.

Además de su labor médica, fue un distinguido profesor y conferencista en diversas universidades, incluyendo la Universidad Autónoma de Sinaloa. La trayectoria del Dr. Kumate Rodríguez fue un torbellino de servicio y logros. Más allá de su brillantez como investigador y docente, ocupó puestos clave que le permitieron impactar millones de vidas.

Fue director del Hospital Infantil de México de 1979 a 1980, coordinador de los Institutos Nacionales de Salud de 1983 a 1985, y subsecretario de Servicios de Salud de 1985 a 1988.
Sin embargo, fue su gestión como Secretario de Salud de México, de 1988 a 1994, la que consolidó su estatus como héroe de la salud pública. Posteriormente, su influencia trascendió fronteras al presidir el Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 1994 a 1995.
Hasta su fallecimiento, se desempeñó como presidente del Patronato Nacional de los Centros de Integración Juvenil y Presidente Ejecutivo de la Fundación IMSS, A.C.
Durante su liderazgo, el Dr. Kumate impulsó innovaciones y programas que siguen beneficiando a los mexicanos y demuestran su incansable compromiso.

Bajo su dirección, México logró el primer lugar mundial en cobertura universal de vacunación, protegiendo a más del 90% de los niños menores de un año. Su visión se materializó en las Semanas Nacionales de Vacunación.
Estas semanas lograron vacunar a 11 millones de niños en un solo día, una hazaña logística sin precedentes que unió a sindicatos de taxistas y a PEMEX en un esfuerzo nacional, dando origen a lo que hoy conocemos como estas semanas de salud.
Para él, la vacunación universal representó la primera gran equidad en salud, asegurando la protección para todos los niños, sin importar su origen social.

También estableció la Cartilla Nacional de Vacunación, que sirvió de ejemplo para otras naciones.
Fue el arquitecto de la erradicación de la poliomielitis y el sarampión en México, y lideró la lucha contra la reintroducción del cólera y el resurgimiento del paludismo.
Este programa salvó decenas de miles de vidas y marcó un antes y un después en la salud infantil. Su administración vio la construcción de 120 hospitales generales y 2,400 unidades de salud, prácticamente una al día, junto con el Instituto Nacional de Rehabilitación, un legado duradero para el país.
Su programa de rehidratación oral, con el suero ‘Vida Suero Oral’, redujo la mortalidad infantil por diarrea en un asombroso 90%.

Impulsó la promoción de la salud como la tercera etapa de la seguridad social, enfocándose en la prevención y la participación activa de la comunidad para empoderar a las personas en el cuidado de su propia salud.
Implementó programas cruciales como “Es tu vida, es tu futuro, hazla segura” para la prevención de embarazos en adolescentes y “Mi lucha es rosa” para la detección temprana del cáncer de mama, además de promover la lactancia materna y los bancos de leche en hospitales.
Su liderazgo fue fundamental para la creación del Consejo Nacional contra las Adicciones y, en una acción visionaria, solicitó y logró la prohibición de la importación de pseudoefedrina, un precursor químico para las metanfetaminas, demostrando su compromiso con la protección de la población ante nuevas amenazas. También fue pionero en la promoción de espacios libres de tabaco.

El impacto del Dr. Kumate Rodríguez en su natal Sinaloa fue profundo y es reconocido con el mayor orgullo. Su nombre ha sido inscrito con letras de oro en el Muro de Honor del Congreso del Estado, un acto de elemental gratitud y justicia para un sinaloense ejemplar.
El Gobierno de Sinaloa ha nombrado auditorios en su honor, como el del Hospital General de Culiacán, y develará placas en hospitales clave del estado, reafirmando su papel como referente moral y ejemplo de vida dedicada al servicio.
Como “médico de niños interesado en las enfermedades infecciosas y la salud pública para una sociedad con menos desigualdades socioeconómicas y culturales”, su vida fue una lucha constante para que la ciencia sirviera a todos, especialmente a los más vulnerables.
El Dr. Kumate, orgulloso mazatleco, dejó claro su amor por su tierra y su compromiso con su gente, asegurando que Sinaloa recibiera un inmenso apoyo durante su administración.

Su filosofía, que dictaba que “ningún niño debe morir por causas prevenibles”, es un poderoso llamado a la acción para las nuevas generaciones de profesionales de la salud. Su vida nos enseña que la salud no es un costo, sino la inversión más fundamental en nuestro futuro común.

Su testimonio perdura, inspirándonos a buscar soluciones creativas, a trabajar con tenacidad por la equidad y el bienestar, y a recordar que la salud empieza en nuestros hogares y comunidades.
Su legado es un poderoso recordatorio de que cada uno de nosotros tiene la capacidad de marcar una diferencia significativa. Honramos la memoria de este extraordinario sinaloense dedicándonos con pasión y ética al servicio de los demás, siguiendo su ejemplo como un faro que ilumina el camino para construir una sociedad más justa, sana y próspera para las generaciones venideras.
