San Ignacio, Sinaloa

Miguel Angel Victoria Fotógrafo

La región que ocupa el municipio de San Ignacio fue conocida desde los inicios de la conquista en 1531, como Piaztla o Piaxtla; palabra que significa “lugar de calabazas” o “lugar de bules”. Según la toponimia de los pueblos de Sinaloa, se cree que proviene del mexicano “piaztli”, bule o calabazo para llevar y beber agua y del locativo, “tlan”.
San Ignacio de Piaxtla durante los primeros años de la colonización formó parte de la provincia de Chametla, perteneciente a la Nueva Galicia, hasta que en 1536 por levantamientos indígenas locales, abandonan los españoles la región.

Don Héctor R. Olea nos dice que el topónimo de San Ignacio de Piaxtla significa “lugar que tiene por patrón a San Ignacio de Loyola”, complementado con la forma “piaztli” y el vocativo “tlan” que significan “lugar de blues”.

Para mediados del siglo XVIII San Ignacio de Piaxtla formaba parte de las cinco alcaldías mayores en que se dividía Sinaloa, quedando dentro de la jurisdicción de San José de Cópala, junto con los poblados que actualmente le pertenecen al municipio y que son los de Santa Apolonia, San Agustín, Ajoya, San Juan, Cabazán y San Javier.
En 1732 con el establecimiento de la gobernación única de Sonora y Sinaloa, se divide el territorio en cinco provincias, quedando dos en Sonora y tres en Sinaloa: la provincia de Sinaloa, abarcaba desde el río Mayo hasta el de Mocorito; la provincia de Culiacán, desde el río Mocorito hasta el río Elota y la de Rosario que tenía como límite el río de las Cañas y a la cual perteneció San Ignacio.
Durante los años siguientes a 1786 en que se implantó el sistema de intendencias, no se alteró la demarcación de la región del río Piaxtla.
En 1813, la constitución de Cádiz entró en vigor; el artículo 310 contempla la instalación de los ayuntamientos en poblaciones que tuvieran más de 1,000 habitantes.
En 1811 don José María González Hermosillo, insurgente al mando del ejército que obtuvo la victoria en el mineral de El Rosario a fines de diciembre, el 8 de enero, sufre una derrota en San Ignacio a manos del Gobernador y Capitán General de estas provincias don Alejo García Conde, dispersándose en la serranía los pocos que pudieron escapar. Se frena así en esa población, todo intento de insurrección en el noroeste.
En 1824 se forma por decreto del Congreso de la Unión, el Estado de Occidente, uniendo de nueva cuenta a los estados de Sonora y Sinaloa. La Constitución de 1825 señala que se dividiría el Estado de Occidente en 5 departamentos, subdivididos en partidos, quedando dos en Sonora y tres en Sinaloa. Los departamentos pertenecientes a Sinaloa eran los de El Fuerte, formado por los partidos de Alamos, Sinaloa y el de su nombre; el departamento de Culiacán, integrado con el partido de su nombre y el de Cosalá; y el departamento de San Sebastián, formado por el partido de su nombre, el de Rosario y el de San Ignacio de Piaxtla.
Decretada la separación definitiva de Sonora y Sinaloa en dos entidades federativas, la primera constitución local expedida en 1831 establece la nueva división en el estado, ahora integrado por once distritos
Esta primera legislatura decreta además, que cada uno de los distritos llevará añadido a su nombre, el de uno de los insurgentes mas destacados en la lucha de independencia; al distrito de San Ignacio se le asignó el de Abasolo, en honor a don Mariano Abasolo quien fuera uno de los primeros en sumarse a la causa de la independencia.

En 1852 el distrito de San Ignacio desaparece para unirse al de Cosalá, quedando como partido, pero a partir de 1861, con la nueva división interna del estado vuelve a constituirse como distrito, con una perfectura en la cabecera del mismo, y subdividirlo en municipalidades, alcaldías y celadoras.

En 1870 el distrito de San Ignacio estaba formado por cuatro municipalidades: la de la cabecera central, San Juan, San Javier y Coyotitán, con sus respectivas rancherías.
Por decreto en 1915, publicado en el diario oficial el 8 de abril de ese año, se crea la municipalidad de San Ignacio, y se ratifica su categoría en la constitución de 1917 que adopta, en el artículo número 12, como nueva forma de gobierno interno, la división del estado en municipios libres.
La capilla del diablo
El municipio de San Ignacio cuenta con un sinfín de leyendas. Algunas verdaderas y otras que las personas han ido creando con el paso del tiempo, pero que sin duda alguna se han ido convirtiendo en iconos importantes de la historia de este lugar.Uno de los mayores atractivos que llama la atención de los visitantes es la “Capilla del Diablo”, donde descansan los restos de Bernardo Escobosa.
Esta se encuentra a escasos 100 metros del crucero que conduce la sindicatura de San Juan y que conecta con la carretera estatal, sobre un pequeño cerro al cual puedes llegar tras escalar por espacio de 20 minutos. Esta se puede dominar en todo su esplendor a ir llegando a la cabecera municipal.

Las personas que por primera vez visitan San Ignacio, preguntan con asombro sobre la historia de esta capilla, y aunque nadie conoce a ciencia cierta la historia de la misma, platican lo que han oído a través de sus antepasados.

Sin duda alguna, una de las historias más sonada es que Bernardo Escobosa llegó a San Ignacio en el año de 1840 proveniente de España, trayendo consigo mercería diversa, telas, espejos, perfumes y demás artículos, que comenzó a comercializar entre los habitantes con el deseo de convertirse en el hombre más rico y poderoso de San Ignacio. Su ambición fue tanta, que decidió venderle su alma al diablo. Su sueño se cumplió y se volvió el comerciante más próspero del municipio. Esto lo llevó a tener grandes propiedades y extensiones de tierra. Finalmente, cuando este murió, cuenta la leyenda que sus familiares lo llevaban a sepultar al panteón cuando un fuerte viento les arrebató el féretro y lo colocó sobre el cerro donde se encuentra la referida capilla, donde fue sepultado.
Otros dicen que ese fue su deseo, que lo sepultaran en ese lugar para así dominar sus propiedades desde lo alto, y que además pidió que sus familiares también fueran sepultados en ese lugar, así como toda la descendencia de varones se llamaran como él.
Otra historia muy diferente cuenta que en realidad sí llegó de España y que traía mercancía para vender, la cual cambiaba por oro. Recorría los territorios mineros de San Ignacio de aquella época, como fueron Ajoya, San Juan, Los Frailes, El Tambor, San Javier, El Chilar, El Carrizal, Campanillas, entre otros, desarrollando con ello éxito en el comercio ambulante ya en 1869. Era un hombre afortunado y afamado, lo que le ganó la envidia de muchas personas que comenzaron a difamarlo inventando que el dinero que tenía era producto del pacto que había realizado con el diablo al venderle su alma.
Bernardo se casó, tuvo cuatro hijos, enviudó, volvió a casarse y tuvo otros hijos.
Los Escobosa que existen en Sinaloa descienden de este mítico y legendario personaje, conocido como el que le vendió su alma “al diablo”, y que después de más de un siglo de muerto sigue dando de qué hablar.

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Como se hizo éste Tour Virtual

El equipo utilizado para realizar este tour fue el siguiente:

  • Cámara Nikon D800
  • Lente Sigma 8 mm ojo de pez
  • Rótula Nodal Ninja NN4
  • Trípode Manfrotto 190
  • Disparador remoto

El software de procesado de esta imagen fue:

  • Lightroom para procesar los archivos RAW
  • PTGui para realizar el cosido de la imagen
  • Photoshop para ajustes generales y locales
  • PanoTour Pro para la generación del tour virtual
A finales del mes de febrero un grupo de amigos estuvimos de visita en San Ignacio, uno de los municipios más bonitos de Sinaloa. Llegamos a la casa de la profesora Eduwiges Vega Padilla muy temprano y ya había muchas personas esperando para que el Dr. Efraín Romo Santos les hiciera una revisión de la vista como parte del servicio social que presta a través de su I.A.P., Buena Vista Sinaloa.
Mi esposa y yo nos fuimos a hacer fotografías guiados por mi amigo Guillermo Vega Aguilar por toda la cabecera municipal, logrando captar imágenes de algunos lugares de interés como la Iglesia, la plazuela, el Palacio Municipal, el Cristo de la Mesa, así como de las casas de algunas bonitas familias, entre ellas las de Don Alfonso Lafarga Espinoza, Don Adrián Bastidas y del profesor Don Rafael Vega.
Fué un día inolvidable donde disfrutamos de la hospitalidad de los habitantes de éste hermoso rincón de nuestro estado.
Esperamos regresar pronto y elaborar otro tour virtual.

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